¿ Tuvo descendencia Jesús el Nazareno?

Por José Luis Giménez Rodríguez

Una pregunta que parece repetirse continuamente y sobre todo a raíz del éxito de la novela  “ El Código Da Vinci “, es si Jesús el Nazareno tuvo descendencia. Un tema tan apasionante, que por tratarse de la figura de Jesús, ha hecho correr ríos de tinta, tanto en un sentido como en el otro. Pero en el que nadie hasta ahora, había podido aportar la evidencia definitiva en ninguno de los dos sentidos, o ¿quizá si?.

Esta cuestión que se me había planteado, parecía que iba a obtener una clara respuesta, a raíz de las investigaciones llevadas a cabo en el transcurso de la realización del libro :  “El Legado de María Magdalena”.

Sin un objetivo claro ni definido, había iniciado una “aventura”, motivado más por la curiosidad ante lo desconocido, que por una meta establecida. Me había propuesto llegar hasta donde me fuera posible, con el único fin de conocer el porqué de las informaciones que había recibido.

Mi fuente de información, me había emplazado a realizar un enigmático viaje. Un viaje que me llevaría a descubrir aspectos insólitos y desconocidos para la gran mayoría, sobre la figura de María Magdalena o Myriam la de Magdala, como se le conocía en el Nuevo testamento de la Biblia.

Mucho se ha escrito sobre Jesús el Nazareno ( algunos le llaman Jesús de Nazareth, erróneamente, al interpretar que se refiere a la ciudad de Nazareth, cuando en realidad todo proviene de una confusión o error en la traducción, ya que lo cierto es que Jesús pertenecía a la secta judía de los Nazaritas, con peculiares tradiciones, entre las que destacaría dejarse el cabello de la cabeza y la barba muy largo, de ahí lo de Jesús el Nazareno o Nazarita), referente a sus prodigiosas  facultades, al que se le ha reconocido la capacidad de sanar a los enfermos, tanto del cuerpo como del espíritu, pero poco sabemos con total certeza sobre su vida más intima.

La Biblia en su Nuevo Testamento, nos habla de Jesús, a través de los 4 Evangelios sinópticos ( Juan, Lucas, Marcos y Mateo ), pero solo hace referencia a su vida pública y de una manera sesgada en lo referente a su vida privada. Es a través de otros manuscritos denominados  “Evangelios Apócrifos” realizados en las mismas fechas que los denominados sinópticos, así como los encontrados posteriormente en el año 1.945 en Nag Hammadi (Alto Egipto), o en los encontrados en el año 1.947 en Qram ( Mar Muerto),  donde podemos ver como algunos pasajes, comparándolos con los que a la vez aparecen descritos en el Nuevo testamento de la Biblia, estos sufren considerables adulteraciones o en todo caso total omisión. Tratándose de escritos de igual antigüedad y refiriéndose al mismo tema, ¿qué hace que la Iglesia durante el Concilio de Nicea, en el año 325 d.C., decida que solo son verdaderos los cuatro evangelios sinópticos, atribuidos a Juan, Lucas, Marcos y Mateo ?

Aquí la respuesta parece obvia, en los evangelios apócrifos, así como en los manuscritos de Nag Hammadi y los rollos encontrados dos años después (1.947) en el Mar Muerto (Quram), se habla de un Jesús mucho más cercano al hombre y sobre todo, aparece acompañado de María Magdalena.

Ni siquiera encontramos escrito alguno donde Jesús otorgue a Simón – Pedro la jefatura del grupo de los apóstoles, es más, resulta evidente por los escritos encontrados, que Pedro mostraba cierto recelo y envidia hacía María Magdalena.

Es a partir del Concilio de Nicea en el año 325 d.C. que la historia sufre grandes cambios, así como instaura el concepto que se deberá de tener sobre la figura de Jesús , su entorno familiar y su apostolado, llegándose a crear los dogmas de fe que han  caracterizado sobre todo a la Iglesia Católica.

Con todo ello no era de extrañar que los primeros padres de la Iglesia hiciesen todo lo posible por eliminar de la historia a la María Magdalena, apóstol y compañera de Jesús, ya que por derecho propio le correspondería a ella estar al frente de la nueva Iglesia fundada por Paulo de Tarso y como ya hemos visto, la mujer no merecía optar a un puesto de tal relevancia.

Esta situación, pese a haber sido objeto de manipulación por parte de los representantes eclesiásticos de entonces, no llegó a culminar en el éxito que esperaban y así, a través de otros muchos manuscritos, investigadores y autores diversos, se ha podido seguir el camino recorrido en la historia por los personajes más próximos a Jesús. Uno de estos personajes ha sido Myriam de Magdala, más conocida popularmente como María Magdalena o “La Magdalena”.

Poder demostrar la historia, cuando se carece de evidencias físicas, es una ardua tarea casi imposible de alcanzar, de ahí que mi primer objetivo fuese el de intentar encontrar o descubrir todas aquellas evidencias físicas que cumpliesen con el mínimo rigor exigido.

El camino a recorrer aparecía sinuoso, lleno de contrastes y sobre todo enigmático. En realidad no tenía la más mínima idea de a donde iba a llegar, pero si algo me empujaba a recorrerlo, ese algo me decía que nada ocurre porque sí, y si me había visto envuelto en esta aventura, debería de existir un motivo que en su momento conocería, así que solo tenía que confiar en las pistas e informaciones que me iban haciendo llegar.

Con esta premisa y decidido a llegar hasta donde me fuera posible, dio comienzo un fantástico viaje que me llevó a recorrer la mayoría de los lugares actualmente comprendidos en lo que se ha venido a llamar “El Camino de Santiago”, un camino que como pude comprobar posteriormente, no era tal, o por lo menos, no en su origen y final. Este camino llamado de Santiago y al que yo considero más apropiado llamar de Prisciliano ( Prisciliano, o “el Obispo hereje”, como se le llegó a conocer oficialmente, nació en Galicia, en el año de 340 d.c., dentro de una familia acomodada. Fue el fundador de lo que vino a llamarse priscilianismo, doctrina considerada como una herejía gnóstica, la cual fue predicada con gran éxito en el norte de Hispania y en el sur de la Galia, granjeándose la amistad de los obispos hispanos Instancio y Silvano, quienes lo ordenan Obispo de Ávila ) o en su defecto, el camino de la Oca,  ya que como pude comprobar, casi todos los lugares relacionados con el Camino de Santiago, están salpicados de referencias toponímicas a OC en sus variantes. Un camino que une a Compostela (Prisciliano) con María de Magdala y el Secreto del Grial, ... En el Languedoc, en Rennes le Château, si bien su origen o final estaría en Oia y no en Compostela como se ha asumido.

Fue en el Monasterio de Oia, en su iglesia monacal de factura cisterciense, la cual data del siglo XII, donde encontré la primera pista. Allí se encontraba un retablo que hacía referencia a “la venida del Espíritu Santo” y lo que más llamó mi atención fue su gran parecido con el sello de los Caballeros Templarios, según pude comprobar, al compararlo con el sello templario de la abadía de Notre Dame du Mont Siòn, si bien en dicho retablo, había algo tan importante como el mismo parecido con el sello templario, y era que la figura central del retablo quería representar a ¡ María Magdalena ¡, rodeada de todos los apóstoles, mientras el Espíritu Santo, en forma de paloma, descendía sobre todos ellos.

Monasterio de Oia (Pontevedra)  Descenso del espíritu Santo sobre María Magdalena y los apóstoles     Sello templario de la abadía de Notre Dame du Mont Siòn

Esta primera “pista” me abrió el camino, sirviéndome de lanzadera hacia el resultado final, el cual tardaría casi dos años en llegar.

Después de comprobar como toda la información que había recibido sobre el Monasterio y la Iglesia de Oia resultó ser cierta, ( la cual por su elevada información, me resultaría imposible resumirla en el presente artículo) realicé el recorrido aconsejado por mi informante, llegando hasta el pueblecito francés de Rennes le Château, donde pude comprobar como a pesar de haberse convertido en un famoso y misterioso lugar de culto sobre la figura de María Magdalena, allí no iba a encontrar las respuestas que estaba buscando, aunque eso sí, obtuve una gran cantidad de información que de alguna manera también me ayudó a descifrar el mensaje y que en el libro expongo con todo lujo de detalles.

Tuvieron que transcurrir varios meses,  hasta que de nuevo la providencia vino a socorrerme. En este caso iba a encontrar la evidencia tanto tiempo buscada y que acaso por bromas del destino, se encontraba muy cerca de donde vivía, sin que hasta la fecha hubiese tenido la menor sospecha de su existencia. Se trataba del Reial Monestir de Santes Creus, perteneciente a la orden del Cister, situado en Aiguamurcia, el Alt Camp, provincia de Tarragona. Allí iba a encontrar la evidencia tan deseada.

Al margen de la indudable calidad artística de los diferentes estilos encontrados en la iglesia monacal, lo que me atrajo la atención fue una de las dos capillas que se hallan expuestas en cada uno de los laterales del templo, junto a la puerta de la entrada principal. Esta capilla, identificada como la de San Juan Evangelista, iba a deparar grandes y gratas sorpresas ya que en la imagen central del retablo, aparece la figura de un “San Juan Evangelista” con aspecto totalmente femenino, de largos y rizados cabellos pelirrojos, labios de color carmesí muy femeninos y ya para acabar de sembrar una más que lógica duda sobre la identidad del personaje, aparece este con una copa o grial, sujetado por la mano izquierda a la altura del pecho.

Ampliación de la figura de “San Juan Evangelista”. Obsérvese el color pelirrojo del cabello, así como labios carmesí y la copa o grial sujetada por la mano izquierda (foto del autor).

Aquella situación me estaba diciendo que allí había algo misterioso que se ocultaba a simple vista, pero que requería ser atendido con un mínimo de atención. Conforme me fui acercando y contemplando con detenimiento el retablo, realizado en madera policromada y pintada al óleo, observé que habían siete iconos adicionales al retablo en la parte inferior del mismo y que al observarlos con detenimiento aparecían diferentes imágenes de pasajes bíblicos sobre Jesús y...¡ María Magdalena ¡

Volviendo a la figura central del retablo, para mí no había dudas de que aunque se pretendiese identificar con San Juan  Evangelista, habían demasiados aspectos contradictorios con el personaje en cuestión, ya que “tradicionalmente” a San Juan Evangelista se le venia representando con un aspecto varonil, con barba y entrado en años, portando casi siempre un libro en las manos. Baste recordar los lienzos sobre San Juan Evangelista, de pintores como : El Greco, Tiziano o Velázquez, por poner solo unos  ejemplos. Esta no era la estampa que presentaba la figura de aspecto femenino que aparecía en la parte central del retablo, a la que yo identifiqué como a María Magdalena, tanto por su aspecto claramente femenino, como por la larga melena de color cobre-rojizo y por el tipo de vestimenta y colorido utilizado en su representación (color rojo, habitual en la identificación de María Magdalena), así como por portar en la mano izquierda la urna donde guardase los oleos con que ungió a Jesús, un dato claro e inequívoco de que se está refiriendo a María Magdalena, pues así es como siempre o mayoritariamente se la ha representado en todas las iconografías. La respuesta al motivo de aquella aparente incongruencia vendría posteriormente, cuando llegase al final de mis conclusiones, pero no adelantemos acontecimientos y sigamos con lo observado en el retablo.

 Debajo del icono central, existen siete iconografías de menor tamaño, dos a cada lado de las columnas existentes en el mismo y cuyas figuras se identifican claramente con María Magdalena y tres centrales de mayor tamaño que estos últimos, en los que se van representando aspectos de la vida de Jesús : el nacimiento, la crucifixión y la bajada de la cruz (todos ellos claramente detallados con fotografías en el libro). Exponer y describir con todo lujo de detalles lo representado en todos los iconos resultaría imposible hacerlo en el presente articulo, por la gran cantidad de datos y fotografías, pero como la principal evidencia a la que nos hemos estado refiriendo se encuentra precisamente en algunos de estos iconos, vamos a referirnos en concreto a estos últimos a fin de poder ofrecer un mayor detalle

En el icono central, podemos observar la escena de la crucifixión de Jesús, junto a los dos “ladrones” y a los pies y junto a la cruz encontramos la mayor de las sorpresas y a la vez evidencia de lo que estaba buscando : ¡ María Magdalena ...EMBARAZADA !

No podía creer lo que estaba viendo, así que lo mire desde todos los ángulos posibles, no fuese que la ilusión óptica me estuviera jugando una mala pasada. Pero no, ahí estaba... Era más que evidente,  aparecía María Magdalena a los pies de la cruz de Jesús, totalmente desolada, con el cabello pelirrojo suelto y el pañuelo en la mano izquierda enjuagándose las lágrimas, su aspecto de mujer embarazada resultaba más que evidente, sus pechos hinchados, remarcando los pezones, su vientre en exceso abultado, marcando una forma inconfundible de estar preñada.

Pero por si había alguna duda al respecto de su embarazo, el autor del icono, tuvo el cuidado de dejar constancia de la circunstancia de María Magdalena,  pintando una especie de cíngulo (tal como se hacía entonces para indicar que se trataba de una mujer embarazada)  que va desde el hombro hasta la cintura, el cual remarca claramente el pecho hinchado de la Magdalena. El vientre, es un vientre muy bajo, a punto de parir, en la posición que adoptaban antiguamente, e incluso en la actualidad, las mujeres de oriente para dar a luz. Y ya por último, al lado de María Magdalena y al pie de la cruz, tenemos a la calavera, signo inconfundible e identificativo tradicionalmente en la iconografía que hace referencia a la figura de María Magdalena.

¿Se necesitan más evidencias para identificar a María Magdalena?, a no ser que se pretenda insinuar que se trata de la madre de Jesús, la Virgen María, o el otro personaje que aparece en la iconografía, el apóstol Juan.

Icono donde se observa a María Magdalena embarazada, flanqueada por la Virgen María y Juan el apóstol, abrazada a la cruz, con el pañuelo en la mano derecha, enjugándose las lágrimas, al pie de la cruz y junto a María Magdalena, aparece la calavera. Obsérvese la prominencia de los pechos hinchados, así como lo abultado del vientre caído y la posición adoptada de dar a luz.(foto del autor)

Resulta inequívocamente evidente de que se trata del personaje de María Magdalena... ¡EMBARAZADA!,  ya que como podemos observar en la iconografía, solo aparecen tres personajes al pie de la cruz de Jesús : María ( La Virgen) la madre de Jesús, María Magdalena y el apóstol Juan.

Evidentemente el autor quería asegurarse de que no habría duda posible sobre la identidad de María Magdalena, ya que en el icono solo aparecen las dos mujeres que tradicionalmente son identificadas con María la Virgen (madre de Jesús) y María Magdalena, lo que es aprovechado por el autor para despejar cualquier duda o posible equivoco sobre la identidad y el estado físico de la figura representada.

Ampliación de María Magdalena embarazada (foto del autor).

Esta era la prueba o evidencia definitiva que había estado buscando. ¿Sería posible que nadie antes lo hubiese advertido? ¿Durante cuanto tiempo había permanecido oculto el mensaje del retablo?

Ahora todo empezaba a tomar un cariz muy distinto a  la vez que empezaban a encajar las piezas del rompecabezas. Necesitaba observar con atención el resto de la iconografía que aparecía delante de mí, desafiando el tiempo transcurrido desde su ejecución hasta este triunfal momento. Un momento que nunca habría podido ni imaginar.

Ya con mucha más atención y detenimiento, continué observando la siguiente escena, correspondiente al icono de la derecha, donde podemos ver el descenso de la cruz de Jesús ya fallecido y junto a él, a varios personajes que podemos identificar de izquierda a derecha con : María, esposa de Cleofás y prima de la madre de Jesús ( prima segunda de Jesús), José de Arimatea, con barba y el típico turbante que llevaban algunos fariseos, María Magdalena, quien aparece con la urna de los óleos en sus manos, Lázaro-Juan, sujetando por los brazos a la Virgen María, Juana la hermana de la Virgen María y por tanto tía de Jesús, quien aparece arrodillada, recogiendo los pies del crucificado y ya por último y subido en las escaleras que hay apoyada en la cruz, aparece un personaje que bien podría tratarse de Nicodemo.

Icono del descenso de Jesús de la cruz (foto del autor)

Como podemos observar, en la iconografía del descenso de la cruz, el autor nos da un detalle de suma importancia: ¡ Todos los personajes que aparecen en el icono, por fuerza tenían que ser parientes de Jesús!

Y ello en base a que según la Ley de Moisés no estaba permitido tocar a los muertos a menos que fuesen parientes. Esto lo podemos encontrar en :

-          Números19.11 “El que tocare un muerto, el cadáver de un hombre cualquiera, será impuro por siete días”

-          Números 19 : 14  “Esta es la Ley para cuando alguno muera en la tienda : todo el que entre en la tienda y cuanto haya en ella será impuro por siete días.”

-          Números 19 : 16  “Cualquiera que en pleno campo tocare un muerto a espada, o un muerto cualquiera, o huesos humanos o un sepulcro, será impuro por siete días.

-          Levítico 21 : 1 al 3  “Yahveh dijo a Moisés : Habla a los sacerdotes, hijos de Aarón, y diles: Ninguno se contamine con el cadáver de uno de los suyos, excepto si es de alguno de sus parientes más próximos . su madre, su padre, su hijo, su hija, su hermano. Podrá también hacerse impuro  por el cadáver de su hermana, todavía virgen, si, por no haber pertenecido a ningún hombre, era su pariente próxima.

-          Ezequiel 44 . 25  “ No se acercarán a persona muerta para no contaminarse, pero por el padre, la madre, el hijo, la hija, el hermano, la hermana que no tenga marido, si podrán contaminarse.

Es decir :  Solo estaba permitido por la Ley de Moisés tocar a los muertos y por tanto contaminarse o hacerse impuro, a los familiares más cercanos. En este caso, el autor del icono dejaba claro una vez más la relación de pariente cercano que ostentaba María Magdalena con respecto a Jesús.

El resto de la iconografía también hacia referencia a la relación entre María Magdalena y Jesús, así como vuelve a insistir en una Maria Magdalena embarazada, como podemos ver en otro icono donde aparece la Magdala con los signos inequívocos del embarazo, pero si quedaba alguna duda sobre la posible descendencia de Jesús y María Magdalena, el autor del retablo, se preocupa de dejar aclarada dicha situación a través de otro de los iconos, donde podemos observar a María Magdalena acompañada ya de sus dos vástagos, en este caso, de dos niñas mellizas o gemelas.

María Magdalena embarazada con la cruz ( la carga)    Iconografía correspondiente a María Magdalena con las dos niñas gemelas o mellizas, llevadas de la mano y en brazos. ¿La evidencia de la descendencia de Jesús y María Magdalena? (foto del autor)

Ahora, una vez había completado la observación de la totalidad del retablo podía sacar una conclusión. Este retablo, venía a explicar y dejar constancia, en forma iconográfica, del verdadero mensaje, así como de la vida de María Magdalena junto a Jesús el nazareno :

-          Estatus social de María Magdalena (icono de la princesa, con la inscripción de IVSTICIA),

-          Esposa de Jesús (vestida de luto tras la crucifixión, con la palma de martirio), testigo sacrificado, con el martirio al que fue sometido el personaje, por la Iglesia Católica, al presentarla como una prostituta ante la historia, o cuanto menos dejar que así lo pareciese, cuando ni siquiera en La Biblia había aparecido escrito nada al respecto sobre María Magdalena, dejando o provocando que el personaje cayera en descrédito, evitando así, conferirle el verdadero valor y significado histórico.

-          Testamentaria y continuadora de las voluntades del Maestro, pero sobre todo, portadora de la sangre de Jesús a través de su descendencia (icono apareciendo embarazada, soportando la cruz, el crucifijo, la carga).

-          Confirmación de la descendencia (icono con los dos niños gemelos o mellizos, en brazos, mostrando claramente el parecido con los progenitores).

Después de todo lo que acababa de descubrir, necesitaba encontrar algún tipo de confirmación, así que fui en busca de la información que pudiera corroborar lo que había descubierto.

No es posible detallar en el presente articulo toda la información obtenida con respecto al autor del retablo ( como así se hace en el libro), pero baste recordar que el Monasterio de Santes Creus pertenecia al Cister, orden fundada por San Bernardo de Claravall, quien a su vez intervino en la creación de la orden de Los Caballeros Templarios. Estos posteriormente llegaron hasta el Monasterio de Santes Creus, a través de la Orden Militar de Santa María de Montesa, fundada en 1.319 por el rey Jaume II de Aragón, para acoger a los Caballeros de la Orden del Temple, que consiguieron huir de Francia al ser perseguidos por el Rey Felipe IV el hermoso, con el beneplácito del Papa Clemente V, quien en 1.312 disolvió la Orden de los Caballeros del Temple, a fin de favorecer los intereses del rey francés, que de esta manera intentaría apropiarse de los tesoros de la orden, con quien tenía contraídas enormes deudas económicas a las que difícilmente podría hacer frente.

Si como hemos visto, los Caballeros Templarios que consiguieron huir de la hoguera en Francia, se refugiaron en otras Ordenes, como en el caso de la Orden de Montesa o la de Calatrava, no es difícil adivinar que con ellos, además de sus bienes y riquezas, también llegarían los conocimientos secretos de la Orden y que por tanto, aunque la Orden de los Caballeros del Temple fue disuelta, ello no supuso la desaparición de los caballeros templarios, quienes siguieron su regla en otras ordenes, así como salvaguardar el secreto que les había supuesto la casi total exterminación, acusados de herejes, y que como ejemplo podemos comprobar a través del retablo de María Magdalena, el cual fue realizado en el año 1.603, según consta en el mismo, y utilizando un lenguaje oculto del iniciado, el cual demostraba poseer conocimientos sobre temas heréticos o prohibidos en aquella época, buscando la manera de transmitirlos sin que resultará evidente a los ojos profanos, tal como hasta entonces lo habían venido haciendo sus antecesores, los Caballeros Templarios, y anteriormente los Cátaros o también llamados “Les Bons Homes”.

Sinceramente, creo que las evidencias hablan por si solas, más si tenemos en cuenta de que se trata de un retablo de principio del siglo XVII ( año 1.603) y con anterioridad, paralelamente y posteriormente a esa época, ya existían diversas iconografías e imágenes sobradamente conocidas de San Juan Evangelista, de las que a modo de ejemplo, podemos comprobar como en los lienzos siguientes : San Juan Evangelista en Patmos de Tiziano (1.380 -1560), San Juan Evangelista de El Greco (1.602 – 07 ) o el de San Juan Evangelista en Patmos de Velázquez ( 1618 - 22), por poner solo algunos ejemplos más conocidos, aparecen todos ellos con una imagen totalmente varonil, incluso en algún caso mostrando barba, por lo que no se correspondería con la imagen femenina representada en el retablo hallado en la iglesia del Monasterio de les Santes Creus a la que  alguien del siglo XIX ( año 1.890) interesó hacer pasar por San Juan Evangelista.

Por fin había encontrado la evidencia, me parecía increíble que aquel retablo no hubiese llamado anteriormente la atención de nadie, o por lo menos, yo no tenía constancia de ello, pero como me dijese Hermes, “todo tiene su momento” y quizá ahora había llegado el momento propicio.

( Articulo extractado del libro “El Legado de María Magdalena” de José Luis Giménez Rodríguez – www.extrasensorial.com  Edit. Amares.com )

 

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