LA SÁBANA DE TURÍN

 

CONFUNDIR EN VEZ DE ACLARAR

Por Cristina Ramos

 

 

A diferencia de los científicos que averiguan vastos sectores del saber sobre bases ciertas, los investigadores aficionados sólo exploramos mundos desconocidos con base en nuestras intuiciones,  por lo tanto, es normal que cometamos errores. Para buscar lo que no se conoce hace falta afrontar el problema con humildad, paciencia, constancia y sin dar nada por deducido. Cuando cae en mis manos algún material de misterio o difícil explicación siempre lo he analizado desde mi condición de fotógrafo y quizás se trate de una deformación profesional el que haga mirar al mundo a través de una lente, poniendo en evidencia los más pequeños detalles de lo que me pasa por delante. De cientos de documentales y entrevistas sobre la Síndone de Turín es curioso observar en algunos de ellos como al referirse al proyecto STURP, creado en 1978,  se da por bueno todos los pasos que siguen los científicos, pero al microanalista Walter McCrone, el mayor experto mundial elegido por el STURP,  que después de analizar 8ooo fibras con su equipo afirma que no hay rastro de sangre sino que se trata de bermellón y rojo de rubia, dos pigmentos habituales en la Edad Media. Resulta que el mencionado científico está equivocado y el resto de componentes del proyecto STURP lo ponen de patitas en la calle  por hacer públicas sus investigaciones en revistas científicas de prestigio,  sin embargo, los que afirman que hay sangre de tipo AB no están seguros porque en posteriores pruebas no da el mismo resultado y eso, evidentemente, les impide publicar en ninguna revista seria porque no hay base científica que lo ratifique.

 

 

 

Al mismo tiempo que se aceptan como buenas las pruebas del proyecto STURP se rechaza la prueba del carbono 14 realizada en 1988 cuyos resultados hace públicos la Iglesia y que la datan en los años 1260-1390. No hace falta recordar que las muestras de la Síndone  incluidas entre cuatro muestras de diferentes épocas fueron enviadas a Arizona, Oxford y al instituto tecnológico de Zurich, bajo la supervisión del British Museum. Los que realizaron las pruebas no sabían que una de ellas era la de la Sábana de Turín.  Se trató de un método típico de proceder en ciencia y que se llama método ciego, los investigadores no pueden dejarse influir por sus creencias porque no saben que pieza investigan. Los tres laboratorios coinciden en la datación. Está claro que la esperada noticia no gusta a millones de creyentes y a algunos no creyentes tampoco.

 

          

 

La Iglesia  no tiene nada más que decir, la considera oficialmente medieval pero no impide que se la venere. Estos son los resultados,  agraden o no. Pero muchos exaltados creyentes descontentos con este resultado empiezan una batalla contra todo. Los que niegan que la Sábana de Turín envolviera el cuerpo de Jesús y que fuera una muy astuta falsificación por motivos aún no muy claros, pues hay varias hipótesis, se frotaron las manos. Para mi no hay ninguna base científica rotunda ni concluyente que nos lleve a afirmar que la Síndone de Turín sea el Sudario que envolvió el cuerpo de Jesús cuando lo bajaron de la Cruz.  Esto no significa que yo no sea creyente, que lo soy. Solo evidencia unos hechos: que la prueba del carbono 14 localiza la Síndone en la época medieval y no entiendo el por qué del afán de algunos en desprestigiar dicho resultado.

 

        

 

Igualmente me resulta difícil de entender que expulsaran a Walter McCrone por no certificar los resultados del proyecto STURP si sus análisis indicaban que no había sangre por ningún lado.

¿Por qué es tan importante para los integristas sindonólogos que la Síndone de Turín sea el Sudario que envolvió el cuerpo de Cristo?

¿Es tan débil su fé que necesitan apoyarse en pruebas físicas para sustentarla?

¿O se trata de un negocio que no interesa que termine?

Sería de agradecer que la Iglesia, como institución, diera un paso al frente y  aclarara todos los puntos oscuros que ha dejado en el aire,  no permitiendo asi la confusión de los  creyentes. Si los resultados del carbono 14 generan tantas dudas, ¿no sería conveniente que se realizaran nuevas pruebas que disiparan de una vez por todas toda la controversia creada alrededor de dicho resultado?

Pienso que no es normal que en esta época de tanto avance científico y tecnológico no se intente un contra-análisis. Quizás, tras casi veinte años transcurridos desde la realización del C-14 no es de extrañar que la Iglesia haya realizado nuevas pruebas que no haya hecho públicas y que ratifiquen las realizadas en 1988. A título personal me entristece muchísimo que la Síndone de Turín no sea el auténtico Sudario de Jesús, certeza demostrada  por las pruebas científicas aportadas, pues hubiera sido maravilloso y fantástico que la balanza se hubiera inclinado para el otro lado.

Es evidente que hubo un auténtico Sudario.

 

 

Es verdad que sufrió martirio, pero no es menos cierto que es triste ver a miles de creyentes venerar un fraude y que  la Iglesia,  igual que en  siglos atrás, deje creer algo que ni ella misma  a ciencia cierta cree.

 

Cristina Ramos

hynek@ono.com