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| Cambio Climatico |
Las aseveraciones que se hacen en este artículo están basadas en trabajos publicados por revistas científicas de reconocido prestigio y en las conclusiones del tercer informe sobre el cambio climático del IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) dado a conocer en 2001. Se ha asignado una numeración en color azul a cada afirmación y al final del artículo aparece su reseña. La verdad sobre el cambio climático Por José Rafael Gómez joserafael.gomez@hotmail.com En la actualidad estamos siendo continuamente bombardeados por informaciones sobre el proceso de cambio climático en el que, sin duda, se encuentra inmerso nuestro planeta. Debates, documentales…Los medios de comunicación recogen la gran cantidad de noticias que este tema genera. Sin embargo, en algunos aspectos es posible que se esté creando una opinión pública basada en ideas incorrectas o exageradas. Ideas tales como que el cambio en el clima es debido únicamente a las actividades humanas, que traerá consigo devastadoras inundaciones al subir el nivel del mar por el derretimiento de los hielos polares, que propiciará un aumento en el número y la intensidad de los huracanes o que producirá más sequías, son transmitidas a la población por documentales de éxito… El abanico de nefastas consecuencias que nos vaticinan es ensombrecedor. Pero, ¿en que medida son ciertas estas predicciones? ¿Qué grado de fiabilidad tienen? En definitiva, ¿hasta que punto van a suceder las cosas como algunos pretenden hacernos creer? Pues bien, debemos saber que según los informes y las predicciones basadas en ellos del principal organismo internacional que coordina los estudios sobre este tema, el UN Intergovernmental Panel on Climate Change, en adelante IPCC, publicados en 2001, todas las anteriores premisas son falsas. Y aunque en la actualidad esté de moda lo contrario, este artículo pretende quitar el dramatismo y la exageración con que se ha envuelto equivocada o tendenciosamente este asunto. Pretende que al final de su lectura nos quede una idea sobre el cambio climático más cercana a la realidad. Ni desastrosas subidas del nivel del mar, ni pertinaces sequías, ni destructivos huracanes, ni extinciones masivas. ¿Quiere conocer la verdad? Una visión de conjunto El efecto invernadero es una característica natural que posee nuestra atmósfera. La presencia en ella de gases como el vapor de agua, el dióxido de carbono (CO2) y el metano, entre otros, hace que el calor que los rayos del Sol proporciona a la superficie del planeta no escape totalmente al espacio exterior, elevando beneficiosamente la temperatura, permitiéndonos vivir. Se estima que el calor retenido por nuestra atmósfera es el 90 % del recibido del Sol, lo que hace que la temperatura media del planeta sea 35º C más alta de la que tendríamos sin efecto invernadero. Dado que la actual temperatura media de la Tierra es de unos 15º C, sin efecto invernadero sería de alrededor de 20º C bajo cero. Podemos ver por tanto, lo beneficioso que resulta este efecto. Sin embargo, en nuestros días se produce una circunstancia extraordinaria: el hombre al utilizar combustibles fósiles (fundamentalmente petróleo, gas y carbón) emite a la atmósfera grandes cantidades de CO2, lo que está haciendo aumentar el efecto invernadero y con ello las temperaturas globales. Este es un hecho cierto e incontestable. El problema surge cuando algunos aseguran que esto va a tener consecuencias catastróficas para la humanidad. Pues bien, como argumentaremos a continuación, afirmar esto es, sencillamente, especulativo. El cambio climático actual No hay ninguna duda al respecto. Nos encontramos en pleno proceso de cambio climático. La cuestión es que ese es un estado natural del clima de nuestro planeta. Siempre ha estado cambiando, oscilando de temperaturas más suaves a otras más frías, en ocasiones muy frías, para después volver a ser cálidas y en ocasiones muy cálidas. La última glaciación ha consistido en un continuo baile de temperaturas, que en ocasiones subían bruscamente alcanzando valores casi como los actuales para después de un corto periodo, volver a bajar. Y en una escala de tiempo mayor, en el último millón de años la Tierra ha atravesado cuatro épocas glaciales separadas entre sí por cortos periodos más cálidos llamados interglaciales. Estas cortas épocas cálidas se mantenían durante alrededor de 10.000 años y de nuevo las temperaturas comenzaban a bajar. Nuestra actual época cálida se produce desde hace ya más de 10.000 años, por lo que los climatólogos esperan que siguiendo ese proceso oscilatorio natural, en cualquier momento se inicie el, a nuestros ojos, lento camino que nos meta en la siguiente glaciación. Sin embargo, según la mayoría de indicios ahora nos dirigimos hacia un periodo más cálido. Y si alguien piensa que el hombre es el causante de ello, muy probablemente se equivocará. Es verdad que estamos ayudando a que este proceso natural vaya más rápido de lo que iría sin nuestra intervención, pero esta ayuda, hagamos algo al respecto o no, va a ser obligadamente corta, pues las reservas de combustibles fósiles son limitadas. En la actualidad se está preparando a la opinión pública para que acepte las medidas que, en un futuro próximo, los gobiernos van a empezar a tomar relativas a la sustitución de la energía procedente de la quema de combustibles fósiles por otras energías no productoras de CO2, y según sean éstas decisiones, puede estar bien que se adopten pues, como vimos antes, las reservas de combustibles fósiles se acabarán. Pero nadie debe pensar que con ello el cambio climático se detendrá. Nos encontramos ante un proceso natural que va a continuar su camino. Esa es la verdad. Como también lo es que la actual avalancha de catastróficas predicciones no son más que especulaciones alarmistas, cuando no tendenciosas manipulaciones de la información de que disponemos en la actualidad. Parece que vamos hacia un periodo de temperaturas más cálidas pero no sabemos cuánto va a durar esta tendencia. Hay climatólogos que sostienen, en mi opinión muy juiciosamente, que no tenemos suficiente perspectiva para saber si la tendencia actual es el principio de un periodo largo de temperaturas más cálidas o en cambio responde a una de esas oscilaciones climáticas que en el pasado han durado unos pocos siglos. El mundo en un futuro no muy lejano ¿Cuáles van a ser las consecuencias de lo que se nos avecina? ¿Se derretirán los casquetes polares? ¿Subirá el mar de nivel inundando las costas? ¿Se producirán perniciosas sequías? En definitiva, ¿cómo será nuestro planeta con un clima más cálido? Es difícil responder a estas cuestiones con total seguridad pues en el clima influyen una enorme cantidad de factores, algunos de ellos desconocidos aún en nuestros días. Pese a esto, hay aspectos sobre los que los científicos han dado respuestas. ¿Se derretirán los casquetes polares? La previsión de aumento de temperaturas que hace el IPCC en su Informe Especial de Escenarios de Emisiones, en adelante IEEE, dado a conocer en 2001, es de 1,4º C a 5,8º C para el periodo 1990-2100. Este estudio analiza 35 modelos de escenarios de emisiones posibles, por poco probables que estos sean, agrupados en 6 supuestos generales. Como la temperatura media actual de la Antártida es de 17º C bajo cero, un aumento de las temperaturas como el previsto para el peor de los casos no va a producir la descongelación del casquete helado. Más aún, unas temperaturas globales más altas harían que la atmósfera pudiese absorber más humedad, lo que traería consigo una mayor cantidad de precipitaciones sobre la Antártida y esto produciría que probablemente su banquisa helada, en lugar de disminuir, aumentase de tamaño (1). Por ahora, la acumulación de nieve durante la segunda mitad del siglo XX, no muestra ningún cambio significativo (2). En el polo norte podría ocurrir que el casquete de hielo disminuyera en el futuro como parece ocurrir en nuestros días (3), incluso puede que en los veranos más cálidos llegue a casi a desaparecer. Pero esto no tendrá consecuencias sobre el nivel del mar al tratarse de hielo flotante. Y en Groenlandia podría producirse un retroceso de sus hielos que se alejarán más de las costas (4). Sin embargo algunos climatólogos piensan que el grosor de la banquisa helada de Groenlandia podría aumentar en su zona central por las mismas razones que la de la Antártida y estaría en relación con los vientos del Sur (5). ¿Y los glaciares de montaña, terminarán desapareciendo del todo? Existe la opinión generalizada de que los glaciares de montaña se hayan en claro retroceso en todo el planeta, pero esto no responde con exactitud a lo que ocurre en realidad. Si bien es cierto que en general la extensión de los hielos de montaña ha disminuido, en algunos lugares ha aumentado. Por ejemplo, los glaciares de Noruega han experimentado un significativo avance durante la década de los 90. El frente del famoso glaciar argentino de Perito Moreno también aumenta de extensión (6) al igual que ocurre con el más largo de los glaciares de Alaska, el Hubbard, cuyo frente tiende a avanzar o la mayor montaña de Alaska, el monte Logan donde las nieves aumentan de extensión (7). Otro glaciar importante del Hemisferio Sur que recuperó parte del terreno perdido y avanzó dos kilómetros en la década de los 90 es el Franz-Josef de Nueva Zelanda. Todo esto es debido probablemente a que un aumento de las temperaturas trae consigo que la atmósfera adquiera una mayor capacidad de absorción de humedad y por consiguiente, se produce una cantidad mayor de precipitaciones en forma de nieve sobre estos glaciares. Podemos esperar por tanto que a pesar del aumento de las temperaturas, en algunas zonas geográficas continúen existiendo glaciares. ¿Y el nivel del mar…? ¿Subirá causando catastróficas inundaciones? Con la previsión de subida de las temperaturas que hace el IEEE, la subida del nivel del mar que se produciría entre 1990 y 2100 sería de entre 9 cm. y 88 cm. en el peor de los supuestos (8). Contrariamente a lo que algunos creen, esta subida del nivel del mar no estaría causada por el derretimiento de los hielos polares. La banquisa de hielo ártica se encuentra flotando sobre el océano por lo que se derrita o no, su influencia en la variación del nivel de las aguas sería nula. Y en el caso de los hielos antárticos como hemos visto, no sólo no se derretirán, si no que incluso se espera que aumenten, por lo que su influencia en el nivel del mar será negativa. La previsión que el IPCC hace es que a finales de este siglo la acumulación de hielo sobre la Antártida habrá restado alrededor de 10 centímetros a la subida prevista de las aguas (9). Pero entonces, ¿de donde vendría el agua que haría subir esos centímetros? Pues el IPCC supone que la mayor parte provendrá de la dilatación térmica que sufrirán las aguas del mar al aumentar de temperatura. Otra parte muy reducida corresponderá a los hielos derretidos de los glaciares. Y finalmente, el agua aportada por la disminución de hielos en Groenlandia será la responsable de algunos cm. de subida. Estas son las previsiones más pesimistas que hace al respecto el IPCC para el 2100 pero muy probablemente hayan de ser revisadas a la baja pues no tiene en cuenta el aumento de precipitaciones en forma de nieve que se producirán, además de sobre la Antártida, sobre cualquier otra zona geográfica en la que las temperaturas medias sean inferiores a cero grados. Tampoco tiene en cuenta que una subida global de la temperatura de la atmósfera aumentará su capacidad para retener agua en forma de vapor de agua, que sería restada de los océanos. Pero hay más. Incluso existe un novedoso estudio, publicado en 2006 en Geophysical Research Letters 33, en el que se especifica que de enero de 1870 hasta diciembre de 2004 la subida ha sido de 19,5 cm. Esta subida ha ido acelerándose levemente por lo que de continuar así, el incremento en el año 2100 con respecto al nivel actual será de entre 28 cm. y 34 cm. (10) Como vemos, en el peor de los supuestos, el aumento del nivel del mar estaría lejos de producir las desastrosas inundaciones que algunos pronostican. Produce cierto asombro, cuando no directamente hilaridad, ver como ciertos informes científicos como el llevado acabo recientemente para el gobierno británico, pronostican que si no hacemos nada al respecto, para dentro de 1.000 años los hielos de Groenlandia se habrán derretido por completo haciendo que el nivel del mar suba 6 ó 7 metros por ello. Pues ya pueden estar tranquilos, ya que la duración de los combustibles fósiles no se estima en mucho más de cien años y a partir de su obligado desuso, la naturaleza se encargará de regularizar la presencia de CO2 en la atmósfera (en un clima más cálido, la velocidad de la retirada del CO2 atmosférico aumenta significativamente). Y esto ocurrirá se asuste a la opinión publica o no. ¿Y los huracanes? A pesar de lo que haya podido decirse en algún documental recientemente exhibido en los cines, lo cierto es que no existe ningún estudio estadístico que demuestre que nos dirigimos hacia un periodo en el cual el aumento de las temperaturas acarreará mayor número de ciclones (11). Al contrario, existen cualificadas opiniones que nos dicen que al aumentar también la temperatura en los niveles altos de la troposfera, disminuirá el gradiante térmico vertical, dificultándose la generación de los huracanes (12). Y aunque en los últimos años el número de huracanes fuertes parece haber aumentado en el Atlántico, no ha ocurrido lo mismo en el Pacífico y el Índico. En China un reciente estudio sobre la frecuencia de los tifones desde 1957 hasta el 2004 ha detectado una tendencia a la disminución (13). En ese sentido, un reciente estudio publicado en Geophysical Research Letters 33, sobre la tendencia del índice ACE (Accumulated Cyclone Energy) indica que a nivel global y durante los últimos años (1986-2005) no sólo no ha habido un incremento de esta energía si no más bien una ligera disminución (14). Sería más exacto culpar de la tragedia producida en Nueva Orleáns por el huracán Wilma a una reducción del presupuesto de mantenimiento de los diques de contención que al cambio climático. Lo contrario es, sencillamente, un intento de manipular la opinión pública. ¿Y las sequías? Aunque también se pretende atemorizar a la población pronosticando que el calentamiento global va a producir desastrosas sequías, lo cierto es que lo previsto por el IPCC para finales del siglo XXI es que se producirá una mayor cantidad de precipitaciones a escala global (15). Es posible que en algunos lugares las sequías se acentúen, pero en otros se aliviarán. Como hemos visto anteriormente, a mayor temperatura atmosférica, mayor capacidad de esta para absorber humedad, lo que producirá mayor condensación, es decir, más nubosidad. Este fenómeno ya está siendo observado por los científicos en algunos lugares, habiéndose detectado una tendencia al aumento de la nubosidad y las precipitaciones en los EE.UU., en Australia o en la Patagonia argentina (16). Al haber más precipitaciones también podrán producirse más inundaciones, lo que estaría dentro de lo normal. Lloverá de media entre un 5 y un 10 por ciento más y en algunos lugares y ocasiones, será de forma torrencial. Las nubes cubren en la actualidad entre un 65 y un 68 % de la superficie terrestre. Durante el siglo XX se ha producido un aumento global de la nubosidad detectada en el 86 % de las estaciones del mundo, que en los EE.UU. se ha calculado del orden del 10 % y en Europa en torno al 5 % (17). Aunque hay regiones en las que se observa un retroceso, debemos saber que a escala planetaria la tendencia es claramente hacia un aumento de la nubosidad y esto presenta aspectos muy interesantes. En términos generales, podría hacer que las temperaturas diurnas fueran ligeramente más frescas y las nocturnas más cálidas. Las beneficiosas consecuencias que este hecho tendría son fácilmente deducibles. Por ejemplo, se perderán menos cosechas por efectos de las heladas. Por otro lado, se ha dicho que el cambio climático va a traer más sequías porque al haber más calor se va a producir más evaporación, en los océanos y en los continentes. Pues bien, se está observando el efecto contrario. El índice de evaporación de bandeja (1) ha disminuido en los últimos años en todo el planeta, lo que se relaciona directamente con el aumento de la nubosidad que amortigua la radiación solar. (1)Índice de evaporación de bandeja: cantidad de agua que se evapora de una bandeja llena de agua de tamaño normalizado, dejada a la intemperie en un periodo de 24 horas. ¿Se producirán extinciones masivas de especies animales y vegetales? En este sentido debemos saber que el final de la última glaciación hace 12.000 años produjo un aumento de entre 10 y 15º C en las temperaturas medias del planeta y que este cambio tuvo lugar ¡¡en unas pocas décadas!! Es lógico pensar que si la Naturaleza sobrevivió sin problemas entonces, lo hará también ahora. El cambio climático previsto, hará que determinadas especies cambien su zona geográfica de habitat, puede que algunas terminen por desaparecer, como ha ocurrido tantas veces en la historia de la vida en nuestro planeta, pero no producirá extinciones a gran escala. Tengamos en cuenta que la sobre explotación de recursos es una cosa y el cambio climático otra. Conclusiones Sería mucho más preocupante que la Tierra entrara en su siguiente glaciación que el hecho de que su clima se haga ligeramente más cálido. Por otra parte, utilizando pronósticos climáticos teóricos que se hacen para saber qué podría ocurrir de aquí a 1.000 años si continuásemos con los actuales niveles de emisiones de CO2 a la atmósfera, se amedrenta a la población dando a entender que esas consecuencias van a ser a corto plazo. De hecho, para dentro de un milenio es poco probable que sucedan, al menos por las causas que se aducen, puesto que el uso de combustibles fósiles tiene la fecha de caducidad muy próxima. En ese sentido, es evidente que debemos cambiar nuestro modelo energético. El agotamiento de las reservas de petróleo hace que sea imprescindible el desarrollo de otras fuentes de energía. Y eso es lo que debe preocuparnos. Ni desastrosas inundaciones, ni pertinaces sequías, ni destructivos huracanes, ni extinciones masivas. Las predicciones más pesimistas del IPCC para una triplicación del CO2 nos hablan de esos como mucho 5,8 grados de aumento de las temperaturas, que muy posiblemente se den al hacer subir las mínimas nocturnas especialmente en áreas del norte de Canadá y zonas del norte y centro de Asia, alejando las heladas y haciendo más cultivables y productivas más zonas del planeta. El cambio climático es un proceso natural debido sobre todo a razones de índole astronómica al que la actividad del hombre hace ganar cierta velocidad. Pero esta influencia humana será necesariamente corta y en todo caso no producirá las nefastas consecuencias que algunos quieren hacernos creer. Por alguna razón se está tratando de preocupar a la opinión pública. Quizás para que acepte un cambio hacia un modelo energético diferente antes de lo que de otro modo se vería justificado. Un modelo en el que la energía nuclear tendrá probablemente un marcado protagonismo, como ya empieza a recomendar la Unión Europea a los gobiernos de los países miembros. Puede que también debamos recordar en manos de quién se encuentran las reservas de petróleo en el mundo y lo que ocurrirá a medida que estas vayan disminuyendo. Y termino con una reflexión: no debemos creer mecánicamente todo lo que nos dicen los medios de comunicación. En la medida de lo posible, acudamos a las fuentes originales y saquemos nuestras propias conclusiones. Esto nos hará menos manipulables y quizás, un poquito más libres… Fuentes: (1)- IPCC, 2001 Climate Change 2001, Synthesis Report, Cambridge University (2)- Monaghan A. et al., 2006, Insignificant change in Antarctic snowfall since the International Geophysical Year, Science, 313, 827831 (3)- Kukla G. 2004, Central Arctic: Battleground of natural and man-made climate forcing, EOS, 85 -Meier W. et al., 2005, Reductions in Arctic sea ice cover no longer limited to summer, EOS 86, 326 (4)- IPCC, 2001 (5)- Johanessen O.M. et al., 2005, Recent ice-sheet growth in the interior of Greenland, Science, 310, 1013-1016 (6)- Francou f. & A. Coudrain, 2005, Glacier shrinkage and water resources in the Andes, EOS, 86, 415 (7)- Moore G. et al., 2002, Climate change in the North Pacific region over the past three centuries, Nature, 420, 401-403 (8)- IPCC 2001, apartado 3.9 del Informe de Síntesis (9)- Gregory J.M. & Lowe J.A., 2000, Predictions of global and regional sea-level rise using AOGCMs with and without flux adjustment, Geophysical Research Letters, 27, 3069-3072 (10)- Church J. & N. White, 2006, A 20th century acceleration in global sea-level rise, Geophysical Research Letters, 33, L01602 (11)- Landsea C. et al., 2006, Can we detect trends in extreme tropical cyclones?, Science, 313, 452-454 (12)- Bengtsson L., 2001, Hurricane threats, Science, 293, 440-441 (13)- Ren F. et al., 2006, Changes in tropical cyclone precipitation over China, Geophysical Research Letters, , 33, L20702 (14)- Klotzbach P., 2006, Trends in global tropical cyclone activity over the past twenty years (1986-2005), Geophysical Research Letters, 33, L10805 (15)- IPCC 2001, apartado 3.8 del Informe de Síntesis (16)- Hulme M 1996, Recent climatic change in the world´s drylands, Geophysical Research Letters 23, 1, 61 (17)- Henderson-Sellers A 1992, Continental cloudines changes this century, GeoJournal 27, 3, 255-262 |
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