MI RESPUESTA AL ARTÍCULO DEL DR. PERTIERRA

Tras mi intervención en el programa “Mis Enigmas Favoritos” emitido el pasado miércoles 27 de Enero de este presente año 2010 en la que di mi opinión sobre el escrito del dr. Pertierra, quién, por otra parte, tiene todos mis respetos, heme aquí, de nuevo, en defensa de mi teoría. Pero antes de proseguir quiero dejar claro mi perplejidad ante el citado escrito, no sólo, como podrán comprobar, por lo irrelevante de sus objeciones puesto que, como colegas que somos en esto de la investigación, debería haberlas sopesado conmigo previamente. De haber procedido con cautela habría evitado las consecuencias de enfrentarse conmigo en un canal de televisión, claro que, como personas que somos, todos podemos cometer un error... Por otro lado, quiero dejar constancia, tal y como manifiesto en los agradecimientos en mi novela de investigación “La Herejía de la Síndone”, que mi investigación está avalada por numerosos especialistas en materias como Policía Científica, Medicina Legal, Medicina Física, Anatomía y Radiología, así como asesorada por profesores de Universidad en materias como Filología Griega, Arqueología y Teología. Dado que el dr. Pertierra advierte con su escrito la falta de consistencia científica de mi investigación quiero decirle que estaré encantado de presentarle al especialista que requiera a quien podrá cuestionarle en privado –y no en público, como ha sido su deseo– todo cuanto hubiere aportado a mi hipótesis.

Dicho esto, comencemos...

Artículo del dr. Pertierra- Ante la teoría de que el hombre representado en la Síndone de Turín fuese enterrado en posición decúbito prono, cabe destacar las siguientes reflexiones anatomo-fisiológicas:

En el estudio de la imagen de la Síndone, cabe destacar que en caso de haber puesto un cuerpo en decúbito prono, el área nasal no presentaría base de sustentación suficiente para sostener el peso referido de un cuerpo ya que por acción de la gravedad tendería a soportar el susodicho peso con el área fronto-naso-malar, produciendo una desviación del cartílago cuadrangular y del ala nasal, provocando imagen similar a la que se origina en las lesiones por aplastamiento nasal con laterorrinia contralateral al peso soportado. Asimismo la epistaxis o sangrado nasal debido a traumatismo y/u óbito debería producirse por razón de la gravedad hacia las zonas de decúbito.

1º error: Resulta más que sorprendente... En mi hipótesis concluyo: “En decúbito prono el peso del cuerpo se reparte en los distintos puntos de apoyo: rodillas, espinillas, dorso de las manos, empeines, tórax, nariz y frente.”. Es decir, con respecto al rostro, del dr. Pertierra concluye, en síntesis, lo mismo que yo, o sea, el peso de la cabeza, a mi juicio, se sustentaría en la frente y la nariz; el dr. Pertierra, por su parte, añade sobre el área fronto-naso-malar, es decir, incluye la zona de los pómulos, poco más –discúlpeme estimado doctor por mi olvido–, sin embargo, se atreve a objetarme y concluir que “toda” mi investigación –que comprende más de treinta apartados y el doctor sólo se refiere a uno– carece de consistencia científica. Que alguien me lo explique... Es como si pretendiéramos derrumbar el Empire State lanzándole una piedra.

Más aún, si observan la siguiente imagen comprobarán que la cabeza se sustenta en la frente que es la que soporta la mayor parte del peso y no en la nariz. De hecho todos los investigadores de la Síndone concuerdan en que la cabeza está inclinada hacia adelante, con la barbilla muy cerca del tórax debido, aseguran, a la rigidez cadavérica. En mi investigación concluyo que la nariz fue, en conjunción con el resto de zonas óseas, un punto de apoyo, en ningún momento afirmo que soportara todo el peso de la cabeza, de ahí su leve laterorrinia o ladeamiento de la nariz, así como su aplastamiento a modo de “nariz de boxeador”. En definitiva, ¿qué parte de “En decúbito prono el peso del cuerpo se reparte en los distintos puntos de apoyo”, no ha entendido el dr. Pertierra? Por lo tanto, su objeción a mi teoría en este punto es irrelevante. Por otro lado, el dr. Pertierra, no ha tenido en cuenta que hasta la fecha de hoy se desconoce la exacta morfología correspondiente al apéndice nasal del Hombre de la Síndone, dato, por otro lado, esencial para poder cuestionar el efecto causado sobre la imagen resultante en decúbito prono. A lo sumo, una investigación del Santo Sudario de Oviedo realizada por el CES (Centro Español de Sindonología. “El Sudario de Oviedo”. Ed. EUNSA (2000)) que concluye que el tabique nasal del rostro que dejó las manchas en dicho sudario es de 8 cm. con un resalte que forma la base de la nariz de 2 cm. Dicho de otro modo: una nariz achatada y poco prominente apenas acusaría aplastamiento alguno en tal posición; una nariz estrecha, aguileña y larga –como la que se deduce del Santo Sudario– se ladearía levemente; una nariz, en cambio, grande, ancha y prominente acusaría el aplastamiento de un modo notorio y su ladeamiento sería algo más pronunciado, etc. Aún bajo estas circunstancias habría que experimentar para llegar a una conclusión fiable; en ningún caso pretender refutar mi hipótesis basándose en lo que no he dicho, tal y como ha hecho el sr. Pertierra.

2º error: El sr. Pertierra debería saber que, tal y como afirman muchos investigadores, la primera epistaxis o sangrado nasal deriva del golpe recibido con un palo en pleno rostro –denominando “rapisma” en el Nuevo Testamento- tras la entrega de Jesús a las autoridades, de ahí que el recorrido del sangrado siga la dirección lógica en un derrame nasal, es decir, verticalmente: bigote, boca y barba, tal y como aparece en la imagen sindónica. No obstante, el hecho de que la impronta manifieste tal sangrado implica que la sangre debía estar fresca antes de ser cubierto por la sábana. Para aclarar este punto remito de nuevo al dr. Pertierra a la investigación del Santo Sudario de Oviedo realizada por el CES que demuestra que hubo derrame nasal tras la muerte mientras aún permanecía en la cruz. Más aún, esta investigación confirma –pag.73-74– que “para conseguir una reproducción satisfactoria –de las manchas presentes en el sudario– era necesario que el líquido manara exclusivamente por la nariz, de modo suave, y debía suceder en dos tiempos, coincidiendo con dos posiciones diferentes de la cabeza: En la primera posición el cuerpo tenía que estar en vertical y con la cabeza inclinada 70º hacia delante y 20º a la derecha.... La segunda posición supone abatir el cuerpo hacia delante para que el cuerpo quede en horizontal y boca abajo...”. Sí, sr. Pertierra, ha leído bien: dice expresamente “boca abajo”. Poco más hay que añadir; su objeción, en este punto, es, de nuevo, irrelevante.

Artículo del dr. Pertierra - Tampoco puedo apreciar en la imagen regiones de decúbito u aplastamiento facial debido a la presión y tensiones que debería soportar la facies, por el peso proporcional del cuerpo sobre el punto de apoyo en la piedra, que a pesar de estar amortiguado por aloe, mirra u otros productos, por el principio de Arquímedes, desplazaría estos fluidos hacia las regiones laterales, vertiéndolo hacia el suelo, si estuviese sobre pedestal o simplemente esparciéndose sobre la superficie colindante en caso de reposar sobre base homogénea.

3º error: debo recordarle, sr. Pertierra, que la base sobre la que se depositó el cuerpo, denominada “diapasma”, es similar a una “pasta resinosa” y no a un fluido. Y hablamos de 30 kilos de esta pasta, no de unos pocos gramos. Por todo ello le remito al a mi investigación. Este punto en concreto ya ha sido debidamente explicado. Ver mi artículo: “Hipótesis acerca de la formación de la imagen de la Síndone. Francisco Trigueros”, en esta misma web.

Artículo del dr. Pertierra - Otra incoherencia de la teoría defendida por el Sr. F. Trigueros, es que si el cuerpo se encuentra en decúbito prono o boca abajo, los fluidos hemáticos producidos en el cuerpo por las flagelaciones, tendería a producir una imagen de forma discoidal, debido a que la sangre puede fluir de las heridas a pesar de haber fallecido el cuerpo, por lo que debería mostrarse imágenes amplias discoidales como he referido.

4º error: Ninguna investigación de la Síndone ha dejado constancia alguna, más allá de unas improntas superficiales, de fluidos hemáticos provenientes de las flagelaciones sobre el tejido sindónico, de ahí, que tal afirmación sea tan incoherente como su enunciado. Importa poco si la sangre “puede” fluir de tales heridas: el caso es que las investigaciones realizadas no mencionan que haya muestras de que haya fluido. Por otro lado, las circunstancias que originarían un sangrado en un cuerpo fallecido horas antes son muy específicas pero en ningún caso afectarían a heridas provenientes de una flagelación, a no ser que se hubieran producido costras. Claro que, de haber sido así, en un cuerpo en decúbito supino, observaríamos en la zona correspondiente a la espalda un aplastamiento en las marcas de sangre provenientes de tales costras y tal circunstancia no se produce en la imagen sindónica. No entiendo, pues, por qué el dr. Pertierra habla de “incoherencia” en mi teoría; es del todo absurdo.

Artículo del dr. Pertierra - Si hacemos referencia a lo Leptones localizados en las cuencas periorbitarias, habría que decir que si uno intenta de amortajar un cuerpo, por mucha presión o mucho cuidado que se tuviese, sería del todo improbable que pudiesen controlar la cámara de aire que se produce entre la región naso-ciliar y mentoniana, más aún en una persona que probablemente por la fisonomía que presentaba tuviese una formación de huesos nasales ,prominentes, llamados en algunos lugares de tipo “aguileña”, y todavía más complicado cuando la imagen de la Síndone presenta una imagen compatible con laterorrinia postraumática o sea desviación latero-nasal a expensas de los huesos propios. Es por ello que cualquier objeto localizado sobre el globo ocular de unas monedas de pequeño diámetro, provocaría al realizar el movimiento del cuerpo, un bamboleo consecuente de las mismas, por lo que se encontrarían en cualquier posición de región consecuente y difícilmente simétricas como aparecen en la imagen.

5º error: En primer lugar el sr. Pertierra debería tener en cuenta, tal y como apunté antes, que se desconoce el tipo de nariz del Hombre de la Síndone, de ahí que presumir su carácter “aguileño”, no es pertinente. En segundo lugar debiera dirigir su objeción a los responsables del descubrimiento de los leptones –que aún sigue estando en tela de juicio- y no a mi investigación en la que ni afirmo ni desmiento tal descubrimiento. Por otro lado, quiero recordarle a este doctor que los leptones no aparecen simétricos en la imagen sindónica, por tanto, reitero, su objeción está fuera de lugar.

Artículo del dr. Pertierra - En cuanto a la aparición del supuesto 666 en la frente de la imagen, hay que recordar al Sr. F. Trigueros, que cuando se producen lesiones en el cuero cabelludo, de carácter puntiforme o bien en otras de tipo Scalp, el sangrado producido de cada folículo piloso, genera la emanación de sangre similar a la que se produce en los cristales cuando se agolpa la lluvia, produciendo imagen de reguero por acumulación de microgotas sanguíneas, amoldándose a la fisonomía facial, al igual que un rio sigue su cauce, dando imágenes caprichosas, pero que estas sólo podrían producirse a favor de la fuerza de la gravedad, evidentemente postmortem, debido a que el cuerpo era lavado y limpiado por las mujeres que amortajaban el cadáver, como indica el rito de la época, y que esta emanación solo es posible si la cabeza está apoyada en occipucio- mastoides, o sea con el cuerpo en decúbito supino.

6º error: Mi querido y estimado dr. Pertierra, le ruego que lea detenidamente mi investigación sobre la Síndone; en ella resuelvo todas estas cuestiones que ud. plantea. Y un dato importante: me es indiferente tanto si la sangre que produce los regueros que aparecen en la frente del Hombre de la Síndone procede de folículos pilosos como de un tapón hemostático, como si se la hubieran colocado ahí con la punta de un pincel o un cuentagotas, tampoco me preocupa en absoluto si emanó con el cuerpo en decúbito supino o prono o durante la crucifixión, o de un cabezazo contra el sepulcro, puesto que en nada afecta a mi hipótesis dado que yo me baso única y exclusivamente a la hora de exponer mis argumentos relativos al número de la bestia en el tipo de grafía que generan estos regueros, no en la procedencia de la sangre que los forman, de ahí que su objeción, por enésima vez, carezca de sentido.

En fin, sr. Pertierra, mi consejo es que la próxima vez que decida embestir contra mi hipótesis que, como hemos podido comprobar, no conoce lo suficiente, sea más prudente, pues, tal y como ha sucedido, antes de tomar una decisión que acarree consecuencias desafortunadas para ambos, es preferible sentarnos y sopesarlo y evitar exponerse al ridículo.

Francisco Trigueros. Enero de 2010