Gracias a la técnica desarrollada por el ser humano, a partir de la década de los 70, fue posible obtener las primeras imágenes de su superficie. Una superficie yerma y rojiza, que mucho distaba de la descrita por algunos literatos tales como Ray Bradbury que lo imaginaron como un planeta verde, réplica exacta de nuestro planeta, pero habitado por escurridizos y preternaturales seres extinguibles por el visitante humano. La realidad como de costumbre, fue más trágica y menos sorpresiva. Inmensos desiertos de arena y roca cubrían por doquier toda la superficie, sin más indicios del líquido necesario para el desarrollo y mantenimiento de la vida que la erosión existente por toda su superficie. Sus canales, a manera de grietas kilométricas, no guardaban en su seno, más que la escasa sombra que sus largas noches les concebían.
A mediados de la década de los 70, la NASA había enviado varias sondas encargadas de curiosear (bello empeño que el ser humano a parecido relegar al olvido) por nuestro sistema solar, entre ellas las exploradoras de la serie VIKING se encargaron de obtener cientos de fotografías y mediciones de Marte.
Cual sería la sorpresa de los recopiladores de esa información, personas aún con la ilusión y la inocencia necesarias para descubrir, cuando creyeron adivinar entre esas imágenes lo que parecía la silueta de un inmenso rostro de connotaciones femeninas sobre la zona denominada como SIDONIA. De proporciones megalíticas, con un trazado inteligible, esta construcción aparentemente creada por entidades inteligentes no se encontraba aislada, si no que parecía próxima a otra serie de construcciones (¿) tales como pirámides, y lo que incluso podrían ser las ruinas de una ciudad. En pocas horas, las filtraciones a la prensa, y la avidez y curiosidad se encargaron de hacer correr ríos de tinta en todas las publicaciones, mostrando lo que a todas luces podría ser el descubrimiento más importante de la humanidad, el descubrimiento de que el ser humano, el super-inteligente ser humano, la creación del único y todo poderoso creador del Universo no estaba sólo, ni era exclusivo. Allí, a miles kilómetros existían indicios de que posiblemente, millones de años atrás, o tal vez menos, podría haber existido vida, inteligente, y con un rostro parecido al nuestro. La polémica estaba servida.
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En escasos kilómetros cuadrados y bajo el meticuloso análisis de los que creían posible el descubrimiento de vestigios de una civilización exobiológica anterior a la humana, se trazaron planos imposibles de geometrías singulares, para dar cabida a la naturaleza no ocasional de dichas presuntas construcciones.
Lo lógico en dicho caso, sin lugar a dudas, hubiera sido el envío inmediato de nuevas sondas a investigar dicha zona, pero en una reacción conspiranoide, la administración de las únicas potencias que en ese momento podía hacer frente al costosísimo proyecto hizo un solemne mutis y desvió la atención hacia otros planetas más alejados o hacia otras zonas del propio Marte.
El misterio estaba servido, y su secreto a buen recaudo.
Pero al margen de tan atractivo y presunto descubrimiento, la exploración del Planeta Rojo siempre ha estado rodeada de un halo de misterio y fracasos estrepitosos. Fracasos y anomalías que no se han producido con tanta frecuencia en ningún otro punto del sistema solar explorado por el ser humano. Hagamos un breve repaso por la historia de esta odisea.
A fines de 1964 las dos superpotencias del momento EEUU y URSS lanzan sendas misiones robóticas hacia Marte. La rusa Zond2 sobrevolará a baja altura el planeta sin lograr transmitir dato alguno y EEUU tras varios intentos, logra por fin un aparente éxito con la serie Mariner. A finales de 1965 son transmitidas las primeras imágenes desde las inmediaciones del planeta. Son pocas, y muestran una superficie desolada plagada de cauces que posiblemente lleven miles de años secos.
En febrero de 1969 llega a Marte la sonda americana Mariner 6 aproximándose a tan solo 3500 kilómetros de altura, y poco después su gemela Mariner 7. Entre ambas aportan más de 200 nuevas fotografías.
En 1971 tras un aparente éxito, el explorador automático soviético Mars 3 tras haber logrado desprender un vehículo de exploración que se depositó sobre la superficie marciana, pierde todo contacto con la tierra tras solo 20 segundos de actividad enviando la primera imagen.
Orbitador espacial de la serie Viking.
Cinco años más tarde EEUU logra un gran éxito al posar sobre la superficie las sondas Viking I y II, transmitiendo las primeras fotografías panorámicas de la superficie de las planicies de Chryse y Utopía. Además los diferentes experimentos preparados para comprobar la existencia de microorganismos no resultarán concluyentes aunque si polémicos. De esta misma serie de naves exploradoras debemos las fotografías de la cara y construcciones marcianas.
Modulo de aterrizaje de la serie Viking.
De 1988 a 1992 todo intento por parte de EEUU y URSS por llegar al planeta rojo “misteriosamente” terminan en fracaso. Es conspiranóicamente curioso que desde la obtención de las polémicas fotografías y resultados de los experimentos para determinar la posible existencia de vida en Marte pasen más de una década y media hasta conseguir nuevas aproximaciones válidas al planeta. Así en 1988 las sondas Fobos I y II de URSS desaparecen en las proximidades y en 1992 la norteamericana Maras Observer pierde contacto en el momento de entrar en órbita.
No será hasta 1997 cuando la Mars Pathfinder arribe en Marte portando un pequeño vehículo automático (rover) que trasmitirá imágenes y datos durante casi 60 días aportando poca información y una escasa capacidad de exploración. Este relativo éxito se verá rápidamente ensombrecido por las desapariciones en 1999 de las sondas Mars Climate Orbiter y Mars Polar Lander.
Mars Pathfinder junto al Rover.
Hasta aquí la historia conocida y difundida de la exploración internacional de nuestro planeta vecino, Marte.
Pero de todo el material obtenido por las diferentes investigaciones y escasamente difundido a los medios podemos encontrar valiosísimas muestras de imágenes que parecen mostrar extrañas construcciones que parecen no tener un origen geológico natural. Revisemos algunas de estas.
La Esfinge. Se trata de una protuberancia (montaña) de dimensiones colosales, 400 metros de altura por una anchura de 2000 metros y un largo de 2500. Según los expertos y científicos se trata simplemente de una ilusión óptica creada por el juego de luces y sombras.
La pirámide D&M. Se puede tratar del quinto objeto más grande fotografiado sobre la superficie marciana. Su similitud con las pirámides terrestres es asombrosa. Se encuentra en las proximidades de la Esfinge.
Existen también en esas proximidades varias formaciones que podrían ser nuevos conjuntos de pirámides o bien restos de construcciones.
Aunque se trata de meras especulaciones, no se podrá aseverar que se trata de simples ilusiones ópticas sin haber podido comprobar in situ de que se trata. Y, por otro lado, resulta innegable encontrar cierta lógica en el trazado y ubicación de dichas formas.
Pero sin duda alguna, de todo el material que se puede encontrar por la Red de Redes, Internet, el siguiente es a mi manera de ver el más inquietante, extraño y sin lugar a dudas el que, de ser cierto, aportaría la prueba real de la existencia, presente o pretérita de vida en Marte.
Los túneles de Cristal de Marte.
Esta imagen, M04-00291, muestra la cuna de un antiguo océano marciano en cuyo fondo se encuentra en una de sus grietas lo que parece ser una especie de tubo de cristal. Este aparece intacto y reforzado desde el interior por una serie de “anillos” dispuestos de manera uniforme, incluso, parece desprender los brillos típicos de una superficie cristalina especular.
Reforzado por dichos arcos, regularmente espaciados, esta estructura translucida aparece claramente definida y parece perderse en el antiguo fondo marino.
Se puede tratar de otra ilusión óptica, de una broma de mal gusto de la naturaleza o simplemente de la manipulación de las imágenes.
Sea como fuere Marte seguirá dándonos muchas sorpresas en los próximos años a los científicos, a los curiosos y a los Internautas.
Israel Lazslo Steimberg