Emy Jimenez Hurtado y Mª Jose Martinez Carrasco
Son, como su propio nombre indica, 9 historias de fantasmas que tienen lugar en Jaen capital, basadas en leyendas populares –que ya sabemos que cuando el río suena...- y que en ciertos lugares han pasado de ser simples leyendas a convertirse en fenómenos extraños. Mochila, grabadora, cámara de fotos y de vídeo al hombro salimos una lluviosa tarde noche de diciembre en busca de las leyendas que son el origen de los fenómenos paranormales que, sin ocultarse a la vista de nadie, ocurren en lugares cargados de historia.
Según cuenta la historia, en el Palacio de los Vélez ocurrió un desgraciado hecho. La hija de los dueños fue encerrada por su padre en sus aposentos como castigo a su relación con un plebeyo. Pese al encierro, el romance continuó por lo cual acabaron tapiándole las ventanas con tablones de madera y como único entretenimiento le dejaron una Biblia. En las paginas de esta Biblia la dama escribía cartas a su amado con su propia sangre como tinta y las arrojaba por las rendijas de los tablones con el trágico fin de su muerte desangrada por amor. La silueta vista por los numerosos testigos coincide, en apariencia, con la descripción de la chica que vaga por los pasillos, probablemente buscando la libertad.
En esta ocasión es un niño vestido con pantalón corto, camisa blanca y tirantes -con ropa de los años 40 o 50- quien aparece junto a una de las capillas más bellas y trágicas de esa catedral. Son décimas de segundo lo que se puede ver a este niño porque cuando reaccionas ya ha desaparecido sin que nada mas sepa de él. En los años 50 ocurrió un desgraciado suceso un Viernes Santo. Un niño encaramado en uno de los pilares para ver la salida de la procesión cayó al vacío muriendo en el acto. Ese viernes ha pasado a la historia de la ciudad como el “Viernes negro” y parece ser que ese es el niño que corretea por la catedral.
El Cura Canillas, un trasnochador sacerdote que, en noches como esta y a altas horas de la madrugada, pide ayuda a los viandantes para celebrar una misa de difuntos en la pequeña capilla que hay dentro del arco. La sorpresa llega cuando la sotana del cura, al arrodillarse, deja ver que sus piernas son sólo dos tibias, lo que al improvisado monaguillo aterroriza y hace salir despavorido del lugar. Desde siempre esta leyenda se ha contado en Jaen, la mayoría de las veces achacándole futuros hechos fatídicos. Es decir, la aparición del Cura Canillas es como una especie de maldición. Algo que se podría equiparar a una versión local de La siguiente historia tiene lugar en un enclave cercano al castillo, fortaleza inexpugnable de la geografía giennense. Hay que situarse en los años de la conquista de la ciudad de Jaen por parte de las tropas cristianas. El rey almohade de Jaen, Omar, casado con Zoraida, tiene una aventura con otra mujer y quedan para verse en el pilar de Caño Quebrado (en la subida al castillo).
Continuando la subida llegamos al Castillo, donde se encuentra el Parador de Turismo, un lugar donde huéspedes de las mas variadas índoles dicen haber sido testigos de fenómenos poltergeist todos con un denominador común: la habitación 23. La habitación, localizada en un antiguo torreón del castillo musulmán, coincide con lo que antaño era zona fortificada donde muchos se refugiaron en uno de los numerosos ataques de las tropas cristianas. En uno de estos ataques en los que la población huía al castillo, una de las tantas personas que lo hicieron fue Yasmina. Los enemigos consiguieron adentrarse en algunas zonas de la fortaleza arrasando y tomando prisioneros, entre ellos nuestra protagonista, quien a pesar de estar embarazada, fue violada y quemada. Desde entonces Yasmina sigue buscando un lugar para refugiarse y todo parece llevarla a la habitación 23 donde aun hoy se sigue oyendo a una mujer que llora en el pasillo mientras se oyen golpes (raps), se mueven objetos y, como suele ocurrir antes de una aparición, baja la temperatura del lugar. Desde el castillo descendemos de nuevo a la ciudad, para adentrarnos en el barrio de la Magdalena, el más antiguo y a partir del cual se desarrolló la morfología de la actual capital. En esta parte nos topamos con un edificio imponente, el Archivo Histórico / Convento de Sto. Domingo. Antiguo Palacio de los Reyes Moros y Antigua Universidad, sede de
Durante la época musulmana, hubo momento en el que Jaen era un reino almohade con su monarca propio, y, aunque la capital se encontraba en Arjona, el rey pasaba temporadas en la actual capital, en el palacio referido en la historia anterior. Este rey cumplía todos los preceptos y practicaba todas las costumbres de su religión, así los sábados acudía a los baños. En ese tiempo, ir a los baños, además de un acto de higiene, era un acto social y cultural ya que eran un lugar de reunión, algo parecido a un club social actual. Un 22 de Marzo de 1012, allá por el S. XII, en la sala fría de estos enormes baños, porque esta sala servia como inicio del ritual del baño, aprovechando su indefensión ya que se encontraba desarmado, el rey es víctima de una conspiración y es asesinado por uno de sus hombres de confianza. Al parecer nuestra visita a este recinto no es del agrado del rey que parece ser que se aferra a esos pasillos en los que perdió la vida. Baterías de cámaras y de móviles descargadas, películas veladas o bajadas súbitas de temperatura son algunas de las experiencias vividas por compañeros investigadores y por reporteros de diversos medios en este enclave. La “Casa del Miedo”, en la Plaza de S. Bartolomé es nuestra siguiente parada: La historia de esta casa, cuando se conoce puede parecer grotesca y hasta cómica ya que en esta casa, que pertenecía a una noble familia de la capital, todas las noches se abría la puerta a ciertas horas de la madrugada y siempre salía un fantasma casi a la misma hora, por eso la gente empezó decir que en esa casa había “miedo” y de ahí que sea conocida popularmente así. El fantasma era el amante de la dueña de la casa que cuando salía, a altas horas de la madrugada, lo hacia disfrazado de fantasma para que la gente, acobardada no descubriera su identidad. Hasta que un día, nuestro protagonista tuvo que enfrentarse a algún valiente que se propuso que el fantasma no volviera a aparecer por allí y le dio una paliza. Pasado el tiempo, esta casa llega a tener sus propios fantasmas tras una serie de desgraciados acontecimientos ocurridos allí. Una familia, la nueva propietaria de la casa sufrió una serie de muertes repentinas. La primera fue la del hijo mayor que murió de una enfermedad fulminante en cuestión de días. No mucho tiempo después el hijo más pequeño seria objeto de otro trágico suceso al precipitarse por la barandilla del patio. El padre seguirá esta cadena de desgracias muriendo, al igual que su hijo mayor, en un breve espacio de tiempo. Ante tantas contrariedades, la madre acaba suicidándose en las escaleras interiores de la casa. Nuestra ruta fantasmal termina en la “Cruz del Pósito”, lugar de las citas vespertinas de los amantes más tristes de la capital. Los protagonistas de esta historia son Dª Catalina de Almodovar y D. Alvaro de las Fuentes, quienes estaban comprometidos pese a la oposición de la familia de ella, que pretendía un matrimonio con alguien con mas dinero. Un día D. Alvaro tuvo que marchar a Sevilla por negocios, lo que Dª Catalina interpretó como un abandono sumiendola en una profunda tristeza hasta que conoció a un apuesto y noble caballero que acababa de instalarse en la ciudad. Por despecho, Catalina acabó casándose con D. Baltasar, el noble caballero. En un principio la vida era de color de rosa para ellos hasta que, pasado algún tiempo, D. Baltasar se aficionó al juego arruinándose. Una noche de invierno, en una partida de cartas organizada cerca del mercado, cuando ya el dinero escaseaba, recurrió a lo único que le quedaba apostando las joyas de su mujer y, como la fortuna hacia tiempo que no caminaba con él, perdió todo lo apostado. Envió un sirviente a reclamar a Dª Catalina todas sus joyas para saldar su deuda, entre ellas su anillo, pero ella se negó a entregárselas por lo que su propio marido tuvo que ir a por ellas. Al llegar a su habitación encontró el pequeño arcón de madera donde guardaba las joyas vacío y a Catalina sentada en la cama llorando abrazada a un pequeño cofre de cuero. Al quitarle el cofrecillo, Catalina salió despedida hacia las cortinas con la mala fortuna de romper un cristal con la cabeza y clavárselo en el cuello. Catalina había muerto envuelta en una cortina y su marido ni siquiera se había enterado. D. Alvaro se enteró del suceso al mediodía siguiente y fue a buscar a D. Baltasar, encontrándolo por la tarde en un antro junto al Convento de S. Francisco retándolo. Fue el duelo mas encarnizado que se recuerda y en el que D. Baltasar perdió la vida junto al pilar de la plaza.
La historia del cuerpo incorrupto nos vuelve a acercar a un lugar que ya habíamos visitado con anterioridad pero esta vez con un propósito menos ectoplasmatico. Volvemos a dirigirnos hacia la catedral, donde encerrado entre sus muros se encuentra el cadáver incorrupto o, mejor dicho, momificado de Alonso Suarez de La Fuente del Sauce. Lo que sorprende del caso es que para que un cuerpo se momifique de forma natural deben darse unas condiciones especificas en las que las temperaturas sean altas y el grado de humedad lo mas bajo posible y las condiciones de esa capilla en la que se encuentra la cajonera no son precisamente las mas adecuadas. Este hombre de Dios fue obispo entre 1500 y 1520. Fue el mayor promotor de lugares de culto de la historia de la diócesis, de ahí su sobrenombre –el edificador-. Al fallecer, en su testamento, pidió ser enterrado en su capilla, es decir, en la Capilla Mayor de la catedral pero algunos años después, en 1664 tras demoler la capilla original que Alonso Suarez mandó construir, fue desenterrado y ubicado temporalmente en una cajonera como castigo a una deuda que no había pagado al cabildo, aunque la excusa que siempre se daba era de la de dejar libre de enterramientos el Santuario del Santo Rostro. Cada año, al cumplirse el aniversario de la muerte del obispo, los familiares debían hacerse cargo de la deuda para que Alonso fuera enterrado cristianamente. La familia depositaba 6 blandones de cera nueva y si el Cabildo aceptaba el pago significaba que el obispo podía ser sepultado de nuevo en Al cabo de casi 400 años, el obispado cedió y en el año 2001, Alonso Suarez pasó de estar encajonado en un ataúd de plomo dentro de un mueble a otro cajón pero esta vez de madera y casi enterrado en el lugar que él mismo legó en su testamento para descansar eternamente. Muchas son las historias y los fenómenos que nos han quedado por documentar en estas paginas: El Conservatorio de Música, el Palacio de Cultura –Antiguo palacio del Condestable Iranzo y Casino de Artesanos-, |