¿Aliens en el abismo?

Por Jose R. Gómez

Bajo los truenos  de la superficie,

en las profundidades del mar abismal,

su antiguo y no turbado sueño sin sueños,

 duerme el Kraken.

Pálidos reflejos se agitan alrededor de su oscura forma;

vastas esponjas de milenario crecimiento y altura

se inflan sobre él, y en lo profundo de la luz enfermiza,

pulpos innumerables y enormes baten

con brazos gigantescos

la verdosa inmovilidad,

desde secretas celdas y grutas maravillosas.

Yace ahí desde siglos, y yacerá,

cebándose dormido de inmensos gusanos marinos

hasta que el fuego del Juicio Final caliente el abismo.

Entonces, para ser visto una sola vez por hombres y por ángeles,

rugiendo surgirá y morirá en la superficie.

Alfred Lord Tennyson

La panspermia cósmica

En 1978, dos científicos británicos, Fred Hoyle  (astrofísico) y Chandra Wickramsinghe (astrobiólogo), propusieron que los cometas podrían ser los sembradores de vida, transportando esporas vitales de un sistema estelar a otro, una hipótesis que se conoce como panspermia cósmica. En la actualidad  la idea de que la vida en la Tierra pudo aparecer proveniente del espacio exterior tiene cada vez más aceptación entre los científicos. Aunque no existe certeza de ello, tampoco la hay de que la vida surgiera espontáneamente en nuestro planeta.

 La panspermia cósmica es una mera hipótesis que, sin embargo, para algunos científicos, cuenta con significativos argumentos en su favor. La temprana aparición de la vida en nuestro planeta, el que surgieran en aquellos albores y con muy poco intervalo de tiempo, dos tipos de organismos distintos y la constatación de la existencia en el universo de la materia orgánica necesaria para la formación de la vida, tal y como la conocemos, son, entre otros, hechos que la apoyan.

Mediante radiometría se ha podido  calcular la edad de la Tierra en 4.650 millones de años. Después de 650 millones de años, aparecen, con muy poco intervalo de tiempo entre ellas, dos formas de vida genéticamente independientes, no evolucionada una de la otra., las bacterias y las arquebacterias. Pues bien, hay que esperar 2.000 millones de años desde la formación de la Tierra, para que surja un tercer tipo de organismos, las eubacterias (células con núcleo diferenciado), pero solo con tipos unicelulares, -los eucariontes pluricelulares (como las plantas o los animales), no aparecieron hasta mucho después-. Debemos entender que cada uno de estos tres tipos de organismos, las bacterias, las arquebacterias y los organismos eucariontes se desarrollan independientemente de los demás, es decir, que no descienden evolutivamente unos de otros, llegando a coexistir hoy día.

 Los restos fósiles bacterianos con 4.000 millones de años de antigüedad que se han encontrado, pertenecen a bacterias y arquebacterias que vivieron en una Tierra primigenia mucho mas hostil y cambiante de lo que podríamos imaginar, con generalizadas erupciones volcánicas, sin oxigeno en su atmósfera y sin oxigeno en sus océanos. Dado que  cuando los científicos han intentado recrear en el laboratorio las condiciones de aquella Tierra recién formada, buscando que la vida se diera, ésta no ha aparecido, cabe pensar en la posibilidad de que, si surgió tan tempranamente en el principio de la historia de nuestro planeta y no con una sino con dos formas diferentes, fue debido a un aporte exterior.


Como puede apreciarse, nuestro planeta Tierra ha sido un planeta microbiano gran parte de su historia. (m.a.= millones de años)

  Recientemente la NASA ha anunciado entre los nuevos hallazgos del Telescopio Espacial Spitzer, el descubrimiento de cantidades importantes de materiales orgánicos helados en lugares del espacio donde se están formando planetas que giran en torno a jóvenes estrellas. Estos materiales, partículas de polvo heladas cubiertas con agua, metanol y dióxido de carbono, pueden dar origen a  planetoides congelados como los cometas. Algunos científicos creen que estos cometas han dotado a la Tierra, a lo largo de su historia, con algo de su agua y mucho de su biogénica, materiales capaces de producir la vida. Podrían haber aportado la vida misma. La materia orgánica no es rara en el cosmos.


La panspermia cósmica nos plantea la posibilidad de que la vida sea esparcida en el universo mediante materiales contenidos en los cometas.

Pues bien, si seguimos esta idea de la aparición  de la vida en la Tierra  proveniente del espacio exterior, ¿por qué no pensar que esto haya podido suceder en más de una ocasión? Incluso si la vida en la Tierra se hubiera generado espontáneamente a partir de los elementos existentes en sus orígenes,  ¿podrían haberse desarrollado organismos procedentes de un aporte extraterrestre posterior? Y si así hubiera sido, 1º- ¿como podríamos detectarlos?, 2º- ¿donde deberíamos buscarlos? 

Para poder responder a la primera pregunta tendríamos que plantearnos qué es lo que deberíamos buscar. Hasta ahora, todo ser vivo que hemos encontrado en nuestro planeta, está dotado de genoma basado en el ADN o en el ARN como método de almacenamiento de información para la replicación y la síntesis de proteínas. Luego, si se encontrase algún organismo cuyo sistema de almacenamiento de información genética fuese distinto de éste, constituiría un excelente candidato a ser clasificado como ''de origen extraterrestre''. Hasta la fecha, lo mas parecido a esto es un prión, sí, el de las vacas locas. Pero los biólogos no llegan a considerarlo como organismo vivo.

Pero esto no debe desanimarnos en nuestra búsqueda. Aunque alguien pueda pensar lo contrario, en nuestro planeta aún nos quedan muchos lugares inexplorados. O quizás, el ADN y el ARN podrían constituir un sistema de transmisión de información para la replicación de la vida, usual, -posiblemente junto a otros sistemas-, en todo el universo.

  Parece obvio que la genética tendría un papel fundamental en la detección de  esos organismos de posible origen extraterrestre.

Desde luego, la segunda cuestión es más fácil de responder.  

 Sin duda, el lugar más probable a la vez que más propicio donde hubiera caído este aporte extraterrestre serian los océanos.  Unos océanos cuyas profundidades constituyen el hábitat más extenso del planeta. Unas profundidades que nos son prácticamente desconocidas. ¿Hay aliens en el abismo?

Planeta agua

Las tres cuartas partes de la superficie de nuestro planeta está cubierta por océanos cuya profundidad media se encuentra en torno a 4.000 m. Se ha calculado que, debido a su enorme extensión, los organismos que habitan los fondos oceánicos  están entre los más numerosos del planeta. A unos 3.000 m. de profundidad, la plataforma continental deja de descender y comienza la llanura abisal que cubre... ¡más de la mitad de la superficie del globo! En todo el mundo solo existen 5 sumergibles capaces de aventurarse en la llanura abisal, habiéndose explorado hasta el momento menos del 1%, esto es como decir que de una superficie como la de España y Portugal juntas incluyendo sus archipiélagos, solo se conoce una extensión como la del Peñón de Gibraltar. ¡Y hasta allí han bajado menos hombres de los que han salido al espacio! Además, debemos entender que cuando el hombre visita esos lugares, lo hace de forma, digamos, ''poco discreta'', usando ingenios mecánicos que no tienen nada de silenciosos.

Entonces, ¿qué hemos encontrado en los océanos que parezca extraño o alejado de formas de vida más estudiadas o sencillamente, nos resulte desconocido?

¿Aliens en el abismo?

En esas profundidades bajo presiones brutales y en ausencia de luz solar habitan seres insólitos, esquivos,  que el hombre apenas conoce. Enormes calamares gigantes que segregan amoniaco cuando se esfuerzan, raras criaturas como la Fronimia Sedentaria que sirvió de inspiración para los creadores del monstruo de ''Alíen'', extraordinarios sifonóforos cuyos tentáculos miden más de 40 m., peces de monstruosas mandíbulas, bacterias comedoras de sulfuro tan grandes que pueden verse a simple vista como la Thiomargarita namibiensis, extraños gusanos que viven bajo enormes presiones y a temperaturas por encima de los 80 grados centígrados.

 Visible para el ojo humano, sin ayuda alguna, la recientemente descubierta bacteria Thiomargarita namibiensis es sin duda el organismo procarionte (células sin verdadero núcleo diferenciado) más grande conocido.

Mesonychoteuthis hamiltoni en la mesa de estudio.

Los calamares gigantes han pasado en poco tiempo de ser considerados como leyendas de pescadores, a objetivo de búsqueda de costosas expediciones científicas.

Fronimia Sedentaria, criatura que vive en el interior de una medusa y que inspiró a los creadores de »Alíen«

En 1979 se descubrieron en la  Dorsal Atlántica chimeneas volcánicas entorno a las cuales se desarrollaban colonias de bacterias que se alimentaban del sulfuro emanado por las chimeneas. Teniendo a estas bacterias como base de alimentación, en su entorno vivían todo un conjunto de organismos, cangrejos blancos, gusanos poliquetos, mejillones...

En 1990 en el Golfo de México a una profundidad de 800 m. se descubrió una especie de lago, un lago de agua dentro del agua, en el fondo oceánico, compuesto de agua de más alta densidad debido a su mayor salinidad, en cuyas orillas submarinas habitaban nuevas colonias de bacterias que se alimentaban de metano, con el consiguiente grupo de organismos que vivían gracias a ellas.


Imagen mosaico que muestra el aspecto del lago submarino hallado en el Golfo de Méjico  a 800 m. de profundidad cuyas aguas de mayor salinidad son más densas que las del resto del océano.


En sus orillas habitan bacterias que se alimentan de metano, base de todo un ecosistema independiente de la luz solar que era desconocido para los científicos hasta 1990.

 
En la imagen, gusanos poliquetos que se alimentan de dichas bacterias.

En el año 2000, un hallazgo casual descubrió para la ciencia un nuevo hábitat en los fondos oceánicos. Un equipo de científicos estadounidenses a bordo del barco Atlantis, se encontraba en medio del océano Atlántico remolcando una cámara submarina a 700 m. de profundidad, cuando descubrieron una chimenea blanca como la nieve que parecía brillar en la oscuridad. Al explorar desde un sumergible, el quipo halló un "bosque" de agujas, una de ellas de 60 metros de altura, un campo de chimeneas hidrotermales de un tipo totalmente desconocido, no generadas por fenómenos volcánicos. A este campo de chimeneas similares a estalagmitas se le dio el nombre de “Ciudad Perdida” y es radicalmente distinta de los sistemas hidrotermales descubiertos  desde 1979 hasta ahora, que bombean sulfuros oscuros a través de chimeneas de humo negro. En lugar de eso, en la “Ciudad Perdida” la reacción se produce al mezclarse el agua del mar con los minerales de peridotita originando calor, hidrógeno y metano, precipitándose carbonato cálcico, produciendo respiraderos mucho más antiguos que los de los sistemas de humo negro.  

Estudios posteriores llevados a cabo por la universidad de Washington y el Instituto Max Plankt de Microbiología Marina en Bremen (Alemania), publicados en la revista Science, afirman que existen llamativas diferencias con los sistemas de humo negro. En las paredes interiores de las chimeneas los autores encontraron un relativamente homogéneo grupo de arquebacterias, que viven a expensas del metano, con su correspondiente grupo de organismos –gusanos y bivalvos-, que subsisten alimentándose de ellas.

Antes del hallazgo de la Ciudad Perdida, casi todas las chimeneas submarinas conocidas se encontraban en regiones de formación reciente y volcánicamente activas, como las dorsales oceánicas, pero las formaciones de la Ciudad Perdida se encuentran a 15 kilómetros de la dorsal atlántica, sobre un suelo oceánico de 1,5 millones de años de antigüedad, en un ambiente alcalino que podría ser similar al de la Tierra primitiva.

 
Nuevas chimeneas submarinas descubiertas en 2000.
Mucho mas antiguas que las del tipo descubierto en 1979, y con organismos diferentes viviendo en su interior, arquebacterias

. Permiten la vida  sin necesidad de que exista la luz solar o el vulcanismo.

Pues bien, si en apenas 25 años y habiéndose explorado menos del 1% de los fondos abisales, ya  se han encontrado tres ecosistemas independientes de la luz solar, ¿qué podremos encontrar a medida que la exploración avance? Prácticamente, cualquier cosa.

Durante unos estudios geológicos realizados por el Geochemical and Environmental Research Group de la Universidad Texas A&M en la isla de Oahu, en Hawai, en mayo del 2001, un submarino teledirigido del Monterey Bay Aquarium Research Institute, captó unas extraordinarias imágenes a 3.380 metros de profundidad. Se trataba de una majestuosa a la vez que fantasmal criatura cuyo tamaño se estimó en unos siete metros de largo. Basándose en las grabaciones de vídeo, un grupo internacional de investigadores presentó en la revista Science la primera descripción de esta criatura. Los científicos no pudieron ofrecer una clasificación exacta para este calamar de las profundidades. Pero sí se coincidió en que el animal es tan inusual que los investigadores consideran que se encuentran ante algo bien diferente de los calamares conocidos.

Para poder clasificarlo, deberán capturar un ejemplar y examinarlo. Los autores del informe especulan diciendo que este nuevo calamar avistado puede ser un ejemplar adulto de la nueva familia Magnapinnidae, que sólo se conocía a través de animales juveniles. Pero incluso es posible que este extraño animal configure una nueva familia.

Michael Vecchione del National Marine Fisheries Service y el National Museum of Natural History, autor principal del trabajo publicado en Science, manifestó: "Va más allá de ser una nueva especie",  "Esto es fundamentalmente diferente".

Criatura filmada a 3.380 m. de profundidad, aun sin clasificar por los científicos

El 30 de noviembre de 1896 se encontró varado en una playa de la isla Anastasia, en la costa este de Florida, el cadáver mutilado y deteriorado de un gran animal. El profesor Addison Emery Verrill (1839-1926), zoólogo de la Universidad de Yale y autoridad mundial en cefalópodos, le estimó un peso total, en vida, de unas veinte toneladas, y una envergadura de cincuenta a sesenta metros. Lo bautizó con el nombre de Octopus giganteus en el American Journal of Science en 1897. Posteriormente el mismo científico atribuyó aquellos restos a un cetáceo. Sean lo que fueren, pasaron varios meses varados en aquella playa sin dar muestra de putrefacción, hasta que un temporal volvió a arrastrarlo al mar. Se guardaron muestras que se conservan en el Smithsonian Institution. En los últimos tiempos estas muestras han sido analizadas sin poder atribuirse de forma concluyente a ningún animal conocido.

Extraños restos aparecidos en una playa de Florida en 1896

Meses después de su aparición, seguía sin mostrar signos de putrefacción. Su procedencia aún no está clara

Pero no queda ahí la cosa, el 24 de junio de 2003, en la Playa Pinuno, Los Muermos, en la costa sur de Chile, apareció una enorme masa gelatinosa que recuerda sorprendentemente a lo encontrado en Florida a finales del siglo XIX.

Restos de Chile, Junio de 2003. Su aspecto es asombrosamente parecido a los restos aparecidos en Florida.

En este caso, biólogos chilenos atribuyen los tejidos a un cachalote, pero se han enviado muestras a 6 países más para su estudio genético

El 10 de abril de 1977, los pescadores del Zuiyo Maru, un barco japonés que trabajaba cerca de Nueva Zelanda, levantó en sus redes un extraño cadáver en descomposición. El cuerpo, que pesaba unos 1.800 Kg. y medía unos diez metros, tenía cuatro aletas de un metro aproximadamente y parecía mostrar una cabeza muy definida al extremo de un largo cuello.

Se tomaron 5 fotografías, se midió y se tomaron muestras de tejido, pero no se guardó el cuerpo, ya que estaba muy descompuesto y el barco llevaba una carga de pesca con un alto valor comercial que se podía contaminar.

En su día la noticia dio la vuelta al mundo y fue portada de semanarios y revistas en Japón durante semanas.  Sin el cuerpo, el testimonio de Michihiko Yano, auxiliar de producción de industrias pesqueras Ltd. de Taiyo, que fue quien midió y fotografió la criatura antes de que fuese devuelta al mar,  se hace imprescindible. El afirmó lo siguiente:

"La superficie del cuerpo era floja y tenía grasa blanca. Podría ver la carne aquí y allí, pero era de color rojo oscuro y estaba putrefacta. No había órganos internos. Juzgando la condición de la carne roja, pensamos que la criatura estaba viva hasta hacia un mes. La grasa colgaba en hilos como el tofu (cuajada de la soja) y la cubierta se tornó en blanco. Olía terrible. El olor no era el de pescados, sino de un animal. Al principio pensé que era una ballena. Dije, ''es una ballena putrefacta, ¿qué hacemos?''  El capitán (Akira Tanaka) ordenó lanzarlo de nuevo al mar... Es práctica común no coger ningún cuerpo muerto putrefacto porque los barcos pesqueros tratan con alimento para los seres humanos. . .''

"los tripulantes sabían que si lo tomáramos, tendríamos que limpiar y esterilizar las cubiertas. Pero conseguimos desenredarlo de la red y sacarlo con las cuerdas alrededor del centro del cuerpo. La cuerda no se colocó bien y cayó repentinamente. Levantamos el cuello y tomé las fotografías."

Científicos japoneses especularon en su día sobre la posibilidad de estar ante algún tipo de criatura cercana a los reptiles. Se habló incluso de plesiosauros. También se dieron opiniones en el sentido de que los restos podrían pertenecer a algún tipo de tiburón desconocido. Aun hoy este hallazgo es motivo de controversia. Puede encontrarse un excelente análisis en la dirección http://www.mbowden.surf3.net/plsfin13.htm, (En inglés).

El ilustre navegante británico, Sir Francis Chichester, describe en su libro ''La vuelta al mundo del Gipsy Moth'', un inquietante encuentro que tuvo lugar durante la vuelta al mundo en solitario que realizó en 1967:  ''Aquella noche llovió y estaba muy oscuro. Vi una cosa extraña: globos brillantes, fosforescentes, que desfilaban en el aire a lo largo del barco. A medida que mis ojos se fueron acostumbrando a la oscuridad, me di cuenta de que aquellas brillantes manchas estaban realmente en el agua y que la altura de las olas las hacia parecer en el aire''

La casuística sobre encuentros de pescadores y navegantes con extraños seres a lo largo de los siglos, es extensísima y la ciencia del momento casi siempre consideró los hechos relatados como exageraciones o referencias de antiguas leyendas. Pues bien, la aparición de ejemplares moribundos de calamares gigantes ha hecho que se reconozca e investigue la existencia de estas criaturas, y de ser mera leyenda durante siglos, ahora son objeto de costosas expediciones de búsqueda.

Entonces, ¿podría decirse que alguno de estos extraños encuentros hubiera sido con algún ser de procedencia extraterrestre? Obviamente no podemos responder a esa pregunta afirmativamente. No, mientras no tengamos pruebas tangibles de ello. Probablemente las criaturas que han dado origen a esa casuística puedan catalogarse como seres criptozoológicos, especies todavía desconocidas para el hombre. Pero tampoco debería responderse negativamente.  Debemos mantener nuestra mente abierta a tal posibilidad.

Si apenas estamos empezando a explorar (de forma muy rudimentaria y poco discreta), los fondos marinos y descubrimos seres que nos eran totalmente desconocidos hasta ahora y cuyo metabolismo era considerado como imposible por la ciencia hace muy pocas décadas, ¿qué encontraremos a medida que vayamos ampliando las investigaciones submarinas? 

Sabemos que la vida apareció en la Tierra hace unos 4.000 millones de años. Puede que lo hiciera por generación espontánea o procedente del espacio.  O, quizás, se dieran las dos opciones: una hostil Tierra primigenia recibió un aporte exterior que permitió el desarrollo de los primeros organismos de nivel bacteriano básico (procariotas), cuyo metabolismo durante cientos de millones de años fue aportando oxígeno a los océanos primero y luego a la atmósfera, preparándolos para acoger vida más compleja que ya sí se generó en la propia Tierra.

 En cualquiera de los dos casos, no tuvo por qué suceder en una sola ocasión. Quizás los habitantes de este planeta provengamos en nuestros orígenes de distintas cepas de vida.

Puede que no tengamos que buscar solo en el espacio. Acaso ET sea un inmigrante que habita en los abismos oceánicos. O quizás los ajenos a la Tierra seamos nosotros mismos y nuestro anhelo por buscar vida fuera de nuestro planeta no sea sino el reflejo de nuestra necesidad de encontrar nuestros verdaderos orígenes...